Nada pues... como hoy me pilláis inspirada, pues he aquí una historiaa que me voy a inventar sobre la marchaa... Lalala xD. Y así se titula:
El Hijo De La Luna.
Lucy es una niña de ocho años. Una niña con el pelo largo y rubio, ondulado y siempre peinado detrás de las orejas. Una niña con los ojos azules. Una niña con siempre un blanco vestido. Como todas las niñas de ocho años, tiene amigas, juega con sus muñecas, se pelea con su hermana mayor porque no la deja entrar en su cuarto y se asusta. Pero Lucy en especial, era muy asustadiza. Le daban miedo los animales, le daban miedo los insectos, le daban miedo los niños de su clase... Le daba miedo incluso su sombra. Una noche, vino su abuela desde muy lejos para pasar una semana con sus nietos, su hijo y su nuera. Esa misma noche, los padres de Lucy y su abuela fueron a cenar fuera, dejando a Lucy y a su hermana mayor, Shannon, en casa. Nada más salir por la puerta, Shannon se dirigió a su cuarto y, mirando a su hermana pequeña, dijo molesta por tener que cuidarla:
- Hay un plato de sopa en el microondas, y si te aburres ponte a ver la tele, pero ni se te ocurra molestarme.
Acto seguido, Shannon cerró la puerta de un portazo y Lucy se quedó sola. Se giró en el pasillo que daba paso a su cuarto, al de Shannon y a un cuarto de baño, y vió el resto de la casa. Todo estaba silencioso, todo oscuro, todo tan... tenebroso. Lucy avanzó con miedo por el pasillo, hasta el salón. Buscó cohibida el interruptor de la luz y cuando lo encontro... ¡Milagro! Todo volvía a ser normal. Ya nada estaba oscuro, y el silencio se acabó en cuanto Lucy encendió la televisión y puso Las Supernenas. Se dirigió a partir de ahí, más segura, hacia la cocina. Cogió una silla, la puso delante de la encimera, se subió y abrió el microondas. Como había dicho su hermana, la sopa estaba allí. Y caliente. Menos mal, porque Lucy no sabía encender el microondas. Cogió el plato de sopa justo cuando oyó un ruido que no provenía de la televisión. Era una risa. Pícara, traviesa. Asustadiza como era Lucy, dejó caer el plato de sopa, que se rompió contra el suelo, con bastante ruido. Mal hecho. Shannon pudo oír el ruido desde su habitación y salió hecha una fiera.
- ¿¡¡Pero qué has hecho!!?-preguntó furiosa.
- ¡S-se me h-ha caído!-lloró Lucy.- He escuchado una risa y me ha dado miedo y...
- ¡¡Calla!!-rugió Shannon.- ¡Cuando se enteren papá y mamá me va a caer una buena! ¡Eres tonta! ¡Todo por tu culpa!-la chica cogió una escoba y un recogedor y barrió los trozos de vidrio rotos. Luego cogió la fregona y terminó de limpiar el estropicio fregando el líquido.- Eres una miedica.
- ¡No soy una miedica! ¡Es la verdad!-siguió lloriqueando Lucy.
Shannon bajó a su hermana de la silla, cogió con una mano una manzana y con la otra el brazo de su hermana. Se dirigió al salón y dejó la manzana encima de la mesa, luego se dirigió a su hermana y le dijo:
- ¡Tenías la tele encendida, tonta! ¿Ves como eres una miedica?-riñó Shannon.
- ¡Pero tienes que creerme! ¡No era una risa de la televisión! Era tan real...-dijo Lucy, no estaba llorando, pero seguía asustada... Y enfadada. Enfadada por cómo la estaba tratando su hermana.
- Ya claro. Mira, me vuelvo a mi cuarto.-sentenció Shannon.
- ¿Y mi cena?-preguntó Lucy.
- La has tirado. Te comes esa manzana y ya. No pienso volver a hacer la sopa.-finalizó su hermana, girándose y volviendo por el pasillo a su cuarto, apagando la luz de la cocina y del pasillo.
Lucy se sentó en el sofá. Las lágrimas volvían a correr por sus mejillas. Su hermana la odiaba, no tenía cena y encima estaba asustada. Decidió intentar tranquilizarse, cuando volvió a oir la risa. Igual de pícara, de traviesa. Lucy ahogó un grito, y decidió buscar la fuente de la risa. No tuvo que buscar mucho, porque ésta decidió presentarse ante ella. Estaba mirando debajo de la mesa, cuando Lucy miró al sofá y vio un niño. Un niño que sólo llevaba unos vaqueros. Un niño con pelo negro, ojos azabaches, ojeras, piel pálida. Un niño con alas negras, plegadas en su espalda. Un niñp con colmillos, que la miraba divertido, mostrando una sonrisa de oreja a oreja. Lucy se quedó paralizada. Miró al niño con el horror en sus ojos azules, y únicamente provocó que él se riera más.
- ¿Quién eres?-consiguió articular la niña, tras una larga pausa.
- Mi nombre es Kain.-sonrió el chico.- ¿Por qué te asustas de mí?
- Porque no eres normal.-las palabras se escaparon de la boca de la chica, quien se la tapó nada más decirlas, avergonzada.
- ¿Que no soy normal? ¡Tú si que no eres normal! Mírate. Eres asustadiza, rubia, no tienes alas, los ojos azules, vestido blanco... Eej.-volvió a reir el chico.- Y nunca te ríes, Lucy.
- ¿Cómo sabes mi nombre?-preguntó la chica.- ¡Y es mentira! Yo sí me río...-añadió.
- Siempre vengo todas las noces a esta casa. Y veo lo que pasa en ella.-explicó el chico, un poco más serio.
- ¿Y por qué te muestras hoy? ¿Y por qué querías asustarme?-preguntó la niña, al borde de las lágrimas otra vez.
- Porque tus padres no están. Y tienes que aprender a reír. Cada vez que tengas miedo... ¡Ríete!-aconsejó el chico, riendo otra vez.
- Jajaja...-rió falsamente ella.
- ¡Eso no es una risa!-protestó él, poniendo una cara cómica, que hizo reir a la chica.- ¿Ves? ¡Eso es una risa! ¡Ríete cada vez que tengas miedo y lo perderás!
Acto seguido, el chico desapareció. Y con él, se fueron las luces y la oscuridad y las tinieblas y el siencio volvieron, y todo se mezcló con una tormenta que estalló, estremeciendo a la niña. Empezó a asustarse, pero escuchó en su cabeza lo que le había dicho aquél chico. Recordó la cara que ponía el chico y volvió a reir. Asombrada, por el pasillo apareció su hermana con una vela. Shannon había visto reír a su hermana, en vez de llorar como era costumbre. Por primera vez en mucho tiempo, Shannon recordó cuando Lucy nació y cuán ilusionada estaba. Dejó la vela encima de la mesa y abrazó a su hermana. Lucy se quedó sorprendida. Desde que tenía memoria, su hermana nunca la había abrazado. De pronto, e interrumpiendo aquella bonita escena a la luz de la vela, sus padres y su abuela aparecieron.
- ¿Qué ha pasado aquí?-preguntaron sus padres al unísono, acostumbrados a que sus hijas jamás se dirigieran una sola palabra de cariño y menos un abrazo.
La mujer anciana, miró la escena, y vió una sonrisa por el cristal. Una sonrisa cálida, pícara, traviesa, dulce y rebosante de felicidad. A pesar de que mucha gente la llama Luna, y otros ingenuos la llaman astro. Pero lo cierto era que la Luna era una Diosa, y que su nieta, había conocido al Hijo de la Luna. Al mismo chico que antaño ella también había conocido.
Lucy nunca volvió a ser asustadiza. Ni volvió a pelearse con su hermana. Creció, se graduó con éxito en la universidad, se enamoró, tuvo hijos, se hizo vieja y, por supuesto murió. Pero nunca olvidó a aquel niño que la había ayudado a superar sus miedos. Y nunca estuvo tan enamorada de nadie como de él. Pero no se puede vivir solo de sueños. FIN
En fins... Historia... xD. Que... espero que hos haya gustado ;3.
Besuutes de batido de chocoolate!